jueves, 9 de octubre de 2008

En dos palabras: In creible




Impresionante. Realmente, impresionante. Podría cerrar la crónica acá, podría ahorrarme el trabajo de escribir un centenar de renglones que no van a lograr explicar mejor que esta primera frase el evento del que fuimos presos este viernes.
Un cabizbajo Martín entra al gimnasio dividido por una tremenda dicotomía, sabe que no puede salir victorioso del partido que sus chicas tienen que enfrentar. De a poco, las Uteneanas se van arremolinando alrededor del Rengo, quien suavemente, como un padre cariñoso, las va haciendo entrar en partido, les da palabras de apoyo y les aseguraba a todas que más allá del resultado él las va a seguir queriendo a todas por igual [Nota del Ovejero: jajjajaja, ni en pedo]. Antes de iniciar la entrada en calor, el patriarca junto a todas sus jugadoras y las hace posar sonrientes frente a una cámara, como para poseer evidencia de que las cosas arrancaron bien, casi como si supiera ...
El primer set empezó con "el coyote" intratable en el saque, con la defensa y el ataque del equipo "B" en un altísimo nivel, y un equipo A que no encontraba soluciones. 12-0 fue en el inició y la historia parecía escrita. Sin embargo, con huevo/ovario y complicidad rival, con los saques de Brenda y Caro que no paraban de herir los brazos bateadores de la recepción rival, el "A" logró dar vuelta un set que parecía liquidado. Aquí se hizo sentir la ira de Lore que cagando a pedos a sus compañeritas y metiendo saques que parecían misiles logró que su equipo remontara para quedar arriba en la recta final. Sin embargo, luego de recuperarse de una diferencia de 12 puntos, las niñas del A no iban a dejar que un par de gritos les sacaran la gloria. Fue así que lograron frenar la remontada rival final y se llevaron por 26-24 el primer set, para hacer delirar a la platea y lograr que a Lore le salte la térmica definitivamente.
De un lado todo era euforia, del otro nerviosismo, bronca y miedo.
En el segundo las cosas empezaron 6-2 a favor del A que no paraba de agrandarse y jugaba su mejor partido del torneo. En el B las cosas no salían como debían y les empezaba a pesar la responsabilidad de ganar para forzar un tie break que les permitiera llevarse la victoria. Martín estaba atado de pies y manos, quería por un lado ir a poner orden para levantar el nivel de un equipo pero eso interfería directamente con la victoria parcial del otro. Encerrado en este dilema moral, el entrenador permanecía estacado cerca de la mesa de control intentando tomar una decisión cuando la solución se hizo presente frente a sus ojos. De entre la indecisión y el mal juego se alzó la voz de la experiencia, la voz de mando que comandó al resto de las vocecitas durante el resto del partido, la voz que reemplazo al ausente entrenador, la voz que hasta el momento se limitaba a alentar y hacer una buena cantidad de puntos para mantener a su equipo en partido, la voz que con cariño y severidad dictaminó "dejémonos de joder y vamos a ganar". El set estaba 12-12 cuando esto sucedió, el sacudón llevo al equipo que venía jugando horrible a transformarse totalmente, a jugar como siempre se intuyó que podían jugar, a meterle presión a sus rivales que luchaban por contrarrestar los embistes rival. El tan emotivo set cerró 25-19 para ir a un tie break, que prometía ser una condensación de todo lo que habíamos vivido hasta ese momento.
Las situaciones en los bancos eran ahora distintas; en el B "la voz" arengaba a las infantes, en el A había más silencios, había un entendimiento implícito entre compañeras, todas sabían que si no daban hasta la última gota de sangre todo el esfuerzo anterior sería en vano.
El set definitivo se definiría finalmente no por cualidades técnicas o por supremacía física, sino por cuestiones anímicas. Las ganadoras del segundo parcial estaban en llamas con una Lore intratable que pegaba, defendía, sacaba y no paraba de organizar a un equipo que ya no exhibía tantas dudas como media hora atrás. Las otras, al no tener una madre que las mantuviera unidas y las llevara de la mano hacia la resolución del partido se fueron dispersando y a pesar de que se mataron por conseguir esos preciados 15 puntos que les dieran el triunfo y el aplauso popular, solo llegaron a 5. 15-5 fue el tercero, un resultado abultado para lo que fue el partido en general, que solo sirve para remarcar la importancia de tener un líder dentro de la cancha.
Con ojos húmedos de tristeza o felicidad, ambos conjuntos se congregaron en la red para saludarse cordialmente (al menos en la superficie), para felicitarse mutuamente, para decirse entre dientes "la próxima vez no van a tener tanta suerte", para reprimir la bronca y ocultar el alivio.
Fue 2-1 para el B que extiende su racha positiva mientras que el A acumula con esta 2 derrotas consecutivas, pero todo esto es anecdótico, es cháchara, frías estadísticas. La realidad es que estos dos ejércitos nos regalaron en esta fría noche de Octubre un partido Impresionante. Realmente, impresionante.

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