martes, 30 de abril de 2013
Zárate o primer intento
Sábado 12:30, quien suscribe sale de su casa y, termo en mano, se lanza a la carrera por Salguero para llegar al punto de encuentro. Una camioneta gigante manejada por un individuo conocido en otra época como Federiquito lo esperaba a la vuelta de la facultad para llevarlo cerca de los límites de la capital federal hacia el norte, dónde luego de un transbordo al auto de la Fiera, partiría en dirección a Zárate, 95 kilómetros al norte de la civilización.
Una Panamericana cargada pero tolerable, encontró al veterano entrenador impartiendo su sabiduría a dos jóvenes que escuchaban azorados las verdades indiscutibles que fluían de boca de este ejemplo de la masculinidad. Temas tan diversos como la pesca y el matrimonio fueron abordados y diseccionados hasta las más inconmensurables profundidades, entre mates, risas y amenazas de lluvia.
Con los tres pares de pies dentro del gimnasio que sería sede de la épica batalla que relataremos en breve, la tormenta se materializo. Los otros 7 miembros del equipo permanecían perdidos en algún punto intermedio del camino y corrían riesgo de quedar sumergidos bajo el agua, mientras los tempraneros disfrutaban de un entretenido partido de mujeres (si, entretenido quiere decir “buenos culos”).
Después de la húmeda llegada del resto de los compañeros y de una tibia entrada en calor, el entrenador dispuso que para disputar el primer set contra nuestros pares de la regional Delta (que OBVIAMENTE tienen la letra griega en la camiseta, me odio por reconocerla) el equipo formara con 7 inútiles incapaces de defender, bloquear, sacar, atacar o realizar correctamente cualquier acción de juego de esas que se esperan de un conjunto de jugadores de vóley. El equipo se encaminaba a un MUY papelonero 0-3 con el agravante del viaje a la concha de la lora.
Aquí, el experimentado y astuto entrenador decidió hacer 7 cambios y sacara todos esos inoperantes, jurando fusilarlos más tarde por haber dañado el deporte. Al tercer set se presentaron Tomi H* (no sé cómo corno se escribe, ni me desvela saberlo) como armador, el nuevo Ioannis como opuesto, Lautaro (al parecer el DNI no dice Laucha como todos pensábamos) y Javi de centrales, Fer y Fede de puntas receptores (ambos incapaces de atacar) y el gran Guido de líbero. Este Hepteto (si existe sexteto y octeto, está clarísimo lo que esa palabra que inventé quiere decir) no jugó bien pero domino el set. Se acordó de que defender es piola y de que comerse un use cada 2 ataques NO es piola y sólo con eso ya estaba haciendo méritos suficientes para llevarse el parcial. Pero para tranquilidad de todos, un punta rival decidió romperse el tobillo, no fuera a ser cosa que el pechofrísmo que ha sabido caracterizar buena parte de nuestras actuaciones hiciera de las suyas.
El mismo grupo de héroes saltó a la cancha para el cuarto set y siguió jugando más o menos mal en líneas generales, con apoyos deficientes, un armador que se negaba a saltar y unos ataques bastante chotos. Cada vez más volcando el juego ofensivo hacia la humanidad de Ioannis que estaba encendido y cargando con la responsabilidad de la defensa al líbero que ya más despierto empezaba a erigirse como figura. Promediando el parcial fue necesaria la entrada de Diego para reemplazar al ex líbero que no solo no podía hacerle un punto a nadie, sino que estaba convencido de que el pelotazo a la pared era una buena idea. El set fue ganado, no sin ayuda del rival, y el papelón había sido evitado, faltaba justificar el esfuerzo.
El parcial definitivo arrancó 0-4 a favor del local. No importa quién fue el hijo de un vagón relleno de putas que puso 3 apoyos horribles, no defendió, no atacó y que tuvo que ser reemplazado otra vez por Diego para que el equipo tuviera alguna posibilidad de ganar el partido a pesar de su gran esfuerzo. A partir de este juicioso cambio las acciones se emparejaron, pero cuando el marcador mostró un 13-9 a favor de los locales, parecía que nuestra suerte estaba decidida. Pero no. Con mucho carácter y prolijidad (de jugar bien ni hablemos, es mala palabra eso) de pronto las cosas estaban 13-14 y match point. No lo logramos, había que sufrir, siempre hay que sufrir. Punto a punto, que lo ganamos, que lo perdemos, que “la concha de tu madre tirate hijo de una gran puta o me meto y te cago a golpes” (sic)…… Me falla la memoria, lo ganamos y saltamos en rondita como si tuviéramos 18 otra vez (o por primera vez, no sé cuántos años tienen algunos).
Nos felicitamos por dar vuelta un partido y por ganar un tie break, dos hechos si bien no únicos, si poco habituales. Nos mimamos el ego un rato, nos bardeamos otro rato y nos volvimos. Con lluvia, con Mate, hablando de la totalmente intrascendente pelea que se iba a dar en Vélez y aprendiendo un poco más de nuestro conductor designado que es una fuente inagotable de sabiduría (no, no tengo vergüenza, éste es mi concepto de “ganarse el puesto”).
Siendo las 21 hs, empapado y cagado de frío entre a mi casa. Ocho horas y media más viejo de lo que me había ido, 200 kilómetros más sabio y 5 sets más cansado, pero feliz.
jueves, 25 de abril de 2013
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